Estaba viendo pasar unas formaciones grandes de nubes y pensé en las formaciones gigantescas de la novela Solaris. Ese libro existió en mi librera de pronto, porque no recuerdo ni haberlo comprado ni que me lo hayan regalado. Si es una de esas apariciones misteriosas del universo, estoy infinitamente agradecida, es una maravilla de ciencia ficción que nos hace enfrentarnos con nuestra humanidad y el concepto de seres inteligentes.
No sabemos qué es lo que no sabemos. Ni siquiera percibimos toda la realidad que nos rodea, necesitamos instrumentos especiales para reconocer todo el espectro luminoso. Pero los hemos desarrollado sólo porque sabemos que existe la luz. ¿Qué pasa con todas las demás ondas, variables, moléculas, etc., que NO sabemos que existen? ¿Cómo hacer aparatos, investigar, innovar, sobre algo que ni siquiera sabemos que tenemos qué buscar? La realidad es infinita y nosotros no.
Por eso me parece atrevido sentarse en nuestro conocimiento y no querer salir de allí. Es imposible que exploremos todo lo que existe. Y es innecesario. Sólo podemos estar abiertos a aceptar nuestras limitaciones, a conservar la curiosidad y a perderle el miedo a lo desconocido. Porque, al final del día, nuestra esfera es diminuta y la vida hay que expandirla.
