Todos necesitamos que nos dejen ser vulnerables

Me sorprendió que los cohetes asustaran a mi perra anoche. Ella ya vino grande a la casa y nunca la había visto así de nerviosa con nada. Generalmente es la ecuánime de los dos, el de dos años todavía es un cachorro. Pero anoche Alma sí me pidió consuelo.

No importa qué tan grandes, fuertes, experimentados y capaces somos, los humanos somos vulnerables. Y eso es bueno. Nos suaviza, nos acerca a los demás. No hacemos conexiones sentimentales donde somos duros. Nos unimos en lo suave, lo frágil, donde hay peligro de dolor. Cuesta abrirse, cuesta mostrarse vulnerable. Creemos que perdemos una supuesta posición de poder. A veces vale la pena. Ese lugar es solitario.

Abracé a mi perrita, pasaron los ruidos y ella pudo dormir tranquila. Yo también. Agradezco ese momento de dulzura. Y recuerdo que yo también tengo permiso de tener los míos. Sin perder nada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.