Las recetas modernas tienen medidas estándar que no existían antes. Una taza era la taza que uno usaba de forma regular y la cuchara la que estaba en la gaveta. Una cuestión más de sentimiento que de precisión.
Tenemos muchas medidas para nuestras vidas. El problema es que la persona promedio no existe y nadie conforma por completo con lo normal. Por eso no nos sirve a todos lo mismo, sólo más o menos. Por eso lo que hacemos con un hijo no funciona con otro. Y por eso es que no siempre entendemos lo que nos pasa.
Lograr encontrar la medida que necesitamos requiere atención y pruebas. No siempre tenemos el tiempo para hacerlo. Pero hasta la receta con las medidas más precisas necesitan ajustes personales. Ni siquiera el agua es igual en todas partes.
