La repetición de los ciclos es una manera de darse cuenta si hay o no progreso. Cambio, seguro. Progreso… Por lo mismo celebramos cumpleaños, aniversarios, graduaciones y otro montón de cosas ficticias. Conceptuales, tal vez es mejor palabra. No existen como elementos materiales, uno no se puede comer una fecha de nacimiento, pero sí hacerle pastel.
Las fiestas que uno comparte como sociedad, además de marcar el calendario, también nos aglutinan bajo un mismo sentimiento. Pasar el año, recordar una festividad en común, reunir a la familia para conmemorar a los que ya no están. Y todo nos hace pensar en lo mismo. Eso forma en no poca medida una identidad cultural. Al ser humano, le quedan pocos de estos puntos de encuentro y, con eso, poca identificación con una tribu. Necesitamos de tribus.
Las fiestas vale la pena celebrarlas, recordar aunque duela. Abrirnos a compartirlas y, con eso, darnos nosotros también. Es el tipo de conexión que nos devuelve a la pertenencia.
