No sé si es la edad y lo cerca que estoy de la meno, las noches en vela acumuladas, el estrés, el ejercicio, el ayuno, todo lo anterior u otra cosa. Pero estoy cansada. Hay una fuerza detrás de mis ojos que lucha por cerrar los párpados contra la que peleo todo el día. A mal de muchos… porque las personas a mi alrededor están igual.
¿Será que así se mantenían mis papás? ¿O los de ellos? He leído que nuestros antepasados cazadores-recolectores combinaban períodos de altísima actividad con tardes holgazanas. Tal vez estaban más cerca del ideal de sueño al que no llegamos en estos tiempos modernos.
No veo un cambio significativo en mi futuro que me haga pensar que voy a descansar más. Al menos los próximos diez años. Joder. Si no sé cómo voy a llegar al sábado y a penas es martes. Ni modo.
