Cuando estudiaba la carrera y explicaban lo de la prescripción, termina siendo una fecha de caducidad para ejercer un derecho. Y uno podría pensar que qué tontera que un derecho caduque, o sea, si me deben dinero y no me lo devuelven, ese dinero siguen sin dármelo, por mucho que pase el tiempo. Pero, aparentemente, todo termina, al menos hasta la muerte y de ésa ni siquiera estamos tan seguros como creemos.
Hay una forma de darle dimensión a nuestras experiencias y es darse cuenta que todo, todo, tiene un número limitado de veces que lo hacemos. Pero va más allá: hasta los recuerdos se acaban. ¿Cuándo fue la última vez que escucharon con nitidez la voz de alguien que ya no está? ¿Su olor? Toda la vida es preciosa, en el sentido que tiene un valor, precisamente porque es finita y nada conserva su mismo estado. En el momento en que uno no sólo entiende eso, sino que lo celebra, puede moverse hacia cualquier cosa que venga.
Creo que aún puedo recordar a mi madre cantándome la canción de Mocedades que le gustaba. Creo. Estoy casi segura que siento el olor de mi padre al abrazarme. Recuerdo con mejor claridad el peso del cuerpo de mis hijos cuando eran bebés, la cara de mi esposo cuando nos casamos, mi primer choque, el dolor de cuando me quebraron la mano en el karate. Bueno y malo e indiferente, todo ha pasado y alguna vez ya no podré sacarlos de la memoria. Espero que haya más cosas que llenen esos espacios.
