Me he tatuado mi vida y si descifran lo que tengo pintado, pueden leerme a mí entera. Como un lienzo cifrado, expuesto pero incomprensible y es perfecto, porque me gusta el adorno visible con el significado personal.
Los seres humanos nos hemos hecho modificaciones corporales permanentes, creo, como una forma de protesta en contra de nuestra propia temporalidad. Para pertenecer a un grupo y declararlo por medio de un atajo. Para recordar. Para fijar el tiempo. Para cualquier cosa. Pero siempre con la sensación de llevar una decisión a su última consecuencia.
Me gusta que hasta en nuestro país, hacerse tatuajes ya no sea algo extraordinario. Tampoco es malo no hacerlo.
Los míos me pertenecen en tanto que me dibujan en mis amores, los vacíos, las necesidades y mis relaciones más relevantes. Por eso, este último me fascina, porque me une a una de las personas más importantes de mi vida, con quien pareciera que hemos convivido siempre. Gracias MaFer de mi vida, por ser mi corazón desordenado y por tener el mío.
