A veces nos quedamos en el mismo lugar con tal de no ver que las cosas cambian. Pero hay que moverse hacia un rumbo deseado, porque hasta el mundo mismo se desplaza y lo arrastra a uno. A mí me cuesta mucho hacer cambios pero he aprendido a hacerlos antes que se me vuelva a caer la vida encima.
Es un poco como jugar Jenga. Sólo es cuestión de tiempo el tener que volver a empezar. La única forma de no botar la torre, es no jugando. Y eso no tiene chiste.
Tal vez lo mejor que estoy aprendiendo es que, mientras pueda reconstruir, no importa tanto quedarme con los pedazos. Y que, la única justificación para no moverme es cuando tengo a un gato encima.
