El tiempo intermedio

Ver una película en casa es poder pararla para ir al baño. O comer, o dejarla para el otro día. Algo imposible de hacer en un cine, que no detiene la función porque uno quiere ir a comprar poporopos. Por eso antes daban intermedios, sobre todo en las películas más largas. Cosa que aún se vive en las obras de teatro (porque duran tres(cientas) horas y hay que estirar las piernas, hacer cola para ir al baño y quedarse con las ganas de una cerveza).

En la mitología maya existían días en el año de pausa. No eran los más afortunados del calendario, al contrario, nacer en ellos se consideraba de mala suerte. Si ustedes, como yo, pasaron un poco en pausa el 2020, pueden entender muy bien por qué los momentos intermedios se siente pesados. Como estar entre dos paredes enormes que casi se juntan, ese espacio que no se angosta, pero así se siente.

Lo mejor que he podido hacer en ese vacío de actividades normales es llenarlo de las propias. Así, entre el colegio en casa, los libros al fin leídos, la cocina y la ropa, se va acabando un año que tal vez mejor no hubiera comenzado. Aprender a usar el tiempo, no al revés, es de las mejores lecciones de fines de semana sin salir. Ahora, cuando ojalá retomemos el frenesí de lo que hacíamos antes, tal vez tome unas horas expresamente vacías.

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