Es frecuente que haya personas que se quedan paradas en un sitio de paso (un corredor, una puerta, unas escaleras), completamente indiferentes a lo que sucede a su alrededor. Crean pequeños remolinos a su alrededor y, mientras no le estorben a uno, es entretenido ver cómo la gente hace todo lo posible por sortearlos.
Una piedra en un río es un peligro. Impone un obstáculo al flujo del agua. Así los problemas no resueltos, las decisiones sin tomar. Llaman toda la corriente de pensamientos hacia sí, aumentando la velocidad y la intensidad de las emociones que se agolpan sobre el objeto inamovible.
Quitar un estorbo es tan sencillo como dar un paso hacia delante. Y, aunque de vez en cuando es válido detenerse para pensar a dónde me tengo qué mover, quedarse quieto no es opción porque tarde o temprano nos arrastra la corriente. Nada más feo que un empujón.
