Cuando leemos una historia con tiempos mezclados, nos choca y pensamos que está mal escrita. No hay forma de decir “recuerdo cuando vas a morir” y que no suene ilógico. El tiempo fluye en una línea, al menos así lo percibimos.
Pasa diferente con nuestra forma de recordar el pasado, sobre todo emociones. Porque se actualizan cada vez que sacamos a pasear las memorias que las formaron y se nos hacen tan presentes como allí. Los sentimientos no conocen de pasado y por eso es tan difícil dejar atrás dolores y alegrías. Siguen vivas.
Hay algunas prácticas de terapia que ayudan a imaginar en el presente lo que uno quiere para el futuro. “Hacer como que es así, hasta que así sea”. Allí también jugamos con los verbos.
Aunque el simple lenguaje no modifica la realidad, si nos puede cambiar la forma en que la percibimos. Supongo que eso también es un viaje en el tiempo.
