Estar nerviosa me hace hablar más

Y estar enojada. Y estar contenta. Supongo que cualquier cosa me hace hablar más, así que mi medida es hablar mucho. A veces. Otras, paso días enteros sin hablar de conversar con alguien. No está mal. Es una realidad. Lo malo es que no siempre me puedo frenar la boca cuando hablo mucho y luego me doy cuenta que dije muladas. Lo peor es cuando el darme cuenta va un segundo en diferido de decirlo, pero ya las palabras se escaparon de mi boca como pájaros en vuelo, que es una forma muy poética de decir que me fijo hasta que ya laca.

Tenemos muchas formas de comportarnos. Es raro eso que no siempre podamos contenernos. No todo lo que hacemos es deliberado. Vivimos en piloto automático en mucho. No es del todo negativo, porque ponerle atención enfocada a absolutamente todo lo que pasa a nuestro alrededor es imposible. Pero pareciera que nos perdemos creyendo que ya lo hacemos bien. Las cosas siempre pueden hacerse mejor. Hablar sin decir tonteras involuntarias es una de ellas.

Quisiera que saber que hablo mucho me pusiera el bozal de forma inmediata. No. Me tomo un café con una amiga con la que estoy hablando de cosas que me importan y cuando salgo del lugar tengo que pedir disculpas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.