A veces me gusta
tomar café con cardamomo.
Tal vez llevo sangre beduina
y recuerdo desiertos.
Las dunas en su oleaje,
doradas y calientes.
Las alfombras sobre la arena
con miles de nudos de colores.
El agua tan preciosa
como el amor para un abandonado.
El saberse intruso y en peligro
y seguir a pesar de todo.
O tal vez, simplemente,
me gusta el sabor.
