El Desorden Organizado

Recuerdo la mesa de trabajo de mi mamá: más parecía una escultura moderna intentanto desafiar la gravedad de tantas cosas que tenía apiladas. Pero ella decía que podía meter la mano entre el relajo buscando un lápiz azul y ¡voilá! salía un lápiz azul. El desorden era evidente, pero el método existía. Yo heredé métodos para hacerlo todo, así venzo mi inclinación natural hacia el desastre.

Ser metódico es bueno para terminar procesos, como siempre vestirse en el mismo orden y no olvidarse de la ropa interior. Difícil hacer un pastel sin medir meticulosamente todos los ingredientes.

Pero también es peligroso dejar que el método sea más importante que el resultado final. Aprender a tener flexibilidad para salir al paso de eventos inesperados, es una cualidad que ayuda al final a conseguir lo que se quiere.

Yo funciono mejor sobre una cuadrícula, aunque me duela el cerebro tratando de meterme a curvas. Y, para evitar el desorden, hago trampas como no tener gavetas en la casa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.