Dificultades en la Comunicación

Por el hábito (vicio) de leer todo el tiempo, me he acostumbrado a montar imágenes que correspondan a las palabras de la página. Es posible que haya mundos enteros archivados en la fototeca de mi cerebro. (¿Será que por economía de repente uso el mismo castillo de fondo varias veces?) Esa traducción de palabras a fotos mentales es muy sencilla, para mí, por eso es mi modo default para guardar información.

El problema está cuando quiero sacar esa foto y enseñársela a alguien más para que me entienda qué estoy pensando. Porque, hasta donde sé, todavía no tengo dónde conectar una impresora a mi cerebro. Con tantas palabras que tiene nuestro idioma, todas parecieran huirme cuando trato de describir una idea concreta. A veces me trabo hasta para pedir un helado.

Me imagino que no soy la única persona a la que le cuesta cambiar el formato en el que tiene procesadas sus ideas. Ni siquiera es por falta de elocuencia. A veces tenemos universos mentales que sobrepasan lo existente, para los cuales no hay palabras, pero que tenemos que sacar y compartir de alguna manera.

Cuando veo a alguien luchando por compartirme su vida interior, me recuerdo de tenerle paciencia, porque me puede estar abriendo las puertas a escenarios infinitos. Sólo espero que la señorita de los helados la tenga también conmigo.

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