Este diciembre ha sido sorprendentemente complicado para mí. Pensaría uno que el paso del tiempo aliviana nostalgias, pero no, me están pegando las cosas con la fuerza de un huracán y, sinceramente me agarraron desprevenida.
Y allí es donde la rutina, esa amiga aburrida, estable, confiable, que siempre lo acompaña a uno igual, con las mismas palabras y sensaciones, me está ayudando a atravesar estos días. Despertarme a la misma hora, con mi misma mara, comer en los mismos horarios, celebrar las mismas cosas. Todo eso me da estabilidad y me lleva de la mano como si fuera niña hacia el final del revoltijo de emociones que me están distrayendo y quitando el hambre.
La vida es complicada. Y triste. Y dura. Y duele. Pero también es hermosa. Uno sólo tiene que pasar el momento álgido para poder recordar que todas las mañanas sale el sol, aunque sea dentro de uno mismo.
