Hay ciertos grupos en la vida a los que uno llega sin haberlos escogido: la familia, el colegio/universidad, el trabajo. Allí hace uno gala de su empatía (los que la tienen) y de su sociabilidad (ídem) y se acopla, o no, a lo que le haya tocado a uno. Mi nivel de éxito en esas circunstancias es escaso.
Pero hay otros grupos que se unen por pura afinidad de intereses: música, literatura, deporte. Y eso hace que ya haya algo en qué resonar. Es encontrar un sentido de pertenencia que hace una verdadera comunidad. Es lindo saber que hay una forma de sociedad a la que uno puede recurrir como apoyo.
Me pasa con mis amigas, con las que hemos hecho tal conexión que podríamos vivir juntas. Con el grupo del karate, con el que compartimos una energía especial. Con la familia que he hecho para mí.
Necesitamos conectar con la gente a nuestro alrededor, no en igual grado de profundidad, por supuesto. Los seres humanos necesitamos compartirnos, porque nuestros talentos sirven mejor cuando se ponen al servicio de los demás. Y, también, es rico saber que uno es parte de algo más grande, con más trascendencia que la de uno solito.
