Predictibilidad / Espontaneidad

Mi vida entera se pasa entre mi natural inclinación hacia lo metódico y estructurado y mi anhelo por algo inesperado. O sea, quiero mis horarios y mis planes y mi orden y mi universo girando al compás de mis órdenes. Pero me aburro y me desespero y siento que me ahogo y quiero salir corriendo a donde no tenga yo que tomar una sola decisión.

Roy H. Williams citando a una amalgama de personas, llega a la conclusión que, el contrario de una verdad profunda es otra verdad profunda. Algo así como que la justicia no es lo contrario de la injusticia, porque uno nunca diría que lo segundo es bueno. Es que la justicia es contraria a la misericordia y ambas son buenas y deseables y se queda uno a veces bien jodido sin saber qué elegir.

Los humanos somos lo suficientemente complejos como para movernos entre dos cosas buenas que no son complementarias y vivir. Vivir felices. Porque resulta que es cuando uno sólo se queda de uno de los lados de la balanza, que ésta se desnivela. Yo no puedo siempre ser «justa» con mis hijos, porque ellos necesitan de mi suavidad.

Y tampoco puedo pretender todo el tiempo tener en mis manos los hilos que manejan mi vida, sin cansarme. Tal vez el truco de magia está en crear los espacios que permiten que las cosas grandes funcionen como reloj y pequeñas burbujas aisladas, pero no menos importantes, salgan flotando a donde quieran y me lleven un rato a pasear. Siempre sabiendo que éstas se revientan y hay que regresar a la normalidad. Lo cuál, también está bien.

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