Re-anudar

Desenredé el bucle del tiempo

en el laberinto de tu vida

las paredes de palabras

que cercaron mis pasos

llevándome a tu centro

el pasaje sin salida

con el mismo desenlace

construí los muros

para atrapar el miedo

y terminaron sujetándome a mí

perdida sin fin, como no tienen fin tus labios

que siempre me dicen lo mismo.

Ahora que ya no hay oscuridad

que las piedras están desordenadas

y no quedan ni madeja ni luz qué seguir

tengo entre las manos un camino recto.

Lo voy a torcer, enredar, confundir,

para regresar a tu centro

y perderme en ti.

No era el mismo

Las personas que venimos de diferentes camadas de nuestros padres que el resto, a veces nos sentimos como fuera de la historia oficial. El pasado tiene distinto peso según la edad y los padres jóvenes tienden a dejar una huella más dura sobre sus hijos primeros. Yo agarré a mi papá sensiblemente más cansado que mis hermanas y no fue el mismo.

No puedo decir que eso no aplica para todo el mundo. Nadie es igual en el transcurso de su vida, ni siquiera en un mismo día, porque nos tenemos qué adaptar a las circunstancias. Lo verdaderamente extraño sería que continuáramos sin cambios durante la eternidad. Ni el metal deja de amoldarse. O se rompe.

Mi padre fue un hombre distinto. Con todos. Nunca dejó de ser difícil, pero de distinta forma.

El no hacer nada

Paso los días ocupada con lo que tengo que hacer después. La casa, al final del día, no se lleva sola, la comida no aparece de la nada y los niños no se crían por sí mismos. Se necesita una cierta cantidad de planificación. De allí mi amor por los horarios y el orden de los días. Es rico saber que los martes peleo con las sábanas y los viernes con la plancha.

Se trata de vivir en lo que uno hace, supongo, cada momento con su propia ocupación. Hasta la persona con el trabajo más importante del mundo tiene que prestarle atención a lo que tiene enfrente. No se puede pasar uno en un futuro que no existe. Pero para eso se necesita estar en lo que hay. Y allí viene el arte de no hacer nada.

Es que es tan poco lo que realmente podemos hacer para cambiar nuestras circunstancias, tan pequeña la esfera de control que tenemos sobre las cosas a nuestro alrededor, que, lo primero que toca, es detenerse y ver. Ver lo que hay, sin quererlo cambiar. Porque el secreto de cualquier viaje, no importa los pasos que tenga es el lugar desde donde se comienza. No hacer nada, es lo que hay, «it is what it is», y avanzar.