En el 2021 hice 1000 garzas de origami. Compré un kit con los cuadrados de papel de distintos colores, me armé de paciencia, vi varios tutoriales, doblé mal tal vez 100 y saqué el resto. Para cualquiera que necesite un ejercicio meditativo, se lo recomiendo altamente, al margen del significado que pueda tener hacerlo.
El uso repetido de ciertas neuronas, y las conexiones que reforzamos, nos llevan a hacer cosas en automático. Incluye tareas manuales, movimientos en deportes, posturas corporales. Pero también pensamientos e ideas a las que regresamos sin darnos cuenta porque el camino hacia ellas ya está demasiado marcado. Allí es donde uno debería aplicar la “mente de principiante” frecuentemente, porque sólo así encontramos cómo seguir aprendiendo.
Este año, mi hija me pidió que le hiciera otras mil garzas y yo ya había olvidado por completo por dónde comenzar. Un tutorial y un pajarito maldoblado después, y mis dedos recordaron el camino. Después del aprendizaje, viene la práctica, porque lo que no se usa, se pudre.
