Evolucionar las tradiciones

En la casa siempre pasamos juntos los fines de semana. Somos un núcleo de cuatro súper unidos y no necesitamos meter más gente a la dinámica. Por lo menos no por ahora. Tenemos pequeñas tradiciones, como hablar de lo bueno de nuestros días, hacer «family meetings» semanales, ver la NFL cuando es temporada.

Las tradiciones, privadas y públicas, nos refuerzan una pertenencia a lugares y personas. Nada como comer siempre lo mismo en fechas especiales para atravesar el portal que nos mete en un sentimiento especial.

Lo divertido es que, por mucho que lo intentemos, hasta los rituales más viejos sufren transformaciones para seguir vigentes. Hacer algo repetitivamente sin conocer el sentido que le dio a luz, sólo garantiza la muerte de la magia inicial.

Las costumbres, convenciones sociales, instituciones, tradiciones, todo tiene que cambiar para conservar la esencia que cuidan. En nuestro caso en particular, lo que queremos es que los pulgos pasen felices sus fines de semana, que se sientan queridos y que sepan que somos una familia. Ahorita, eso lo logramos entre los cuatro. Probablemente en un futuro cercano, eso incluya amigos. Y, casi de cierto, después vendrán los agregados permanentes. Y también lograremos hacer tradiciones de eso.

Historias favoritas

Últimamente me ha costado engancharme con un libro de ficción. No sé si es que las tramas nuevas no me parecen novedosas, si los romances imaginarios ya no son aspiracionales o si, simplemente, he tenido mala suerte para escogerlos. «Silo», una trilogía de ciencia ficción me dio claustrofobia, aunque fue muy interesante. Después leí el libro en el que está basada HoC (del mismo nombre) y me encantó. Pero luego he comenzado y dejado tres más de los cuales ya no recuerdo ni el nombre.

Y, aunque me están aburriendo las nuevas historias que puedo predecir, me dan ganas de regresar a las viejas novelas que ya me sé. Es como una forma de volver a visitar una ciudad querida, de volver a hablar con un viejo amigo, de comer una comida reconfortante.

Como humanos modernos, hacemos cosas como reuniones de colegio que nos transportan en el tiempo y nos regresan a la adolescencia (por eso no voy). Celebramos fechas importantes que nos recuerdan cómo iniciamos cosas trascendentales de nuestras vidas. Conmemoramos la muerte de nuestros seres queridos para volverlos a sentir cerca.

Las tradiciones nos anclan a una herencia emocional que nos debería permitir salir a navegar con seguridad por aguas nuevas. Lo que no es sano es que nos quedemos siempre en el mismo puerto.

Así que leeré de nuevo algún libro que me gusta y luego me obligaré a invertirme en una nueva aventura. A lo mejor encuentro a un nuevo amigo que me llamará a que lo vuelva a visitar años después.