Atención incómoda

Siendo sinceros, a mí sí me gusta ser el centro de atención, pero no en todas las ocasiones. Generalmente, si es entre personas que no conozco, mejor que ni se percaten de mi existencia. Es un resabio de no estar completamente segura de estar haciendo bien las cosas. O de no confiar en las intenciones de la otra gente. O de ser extañamente tímida (aunque eso nadie me lo crea). Pero me incomoda especialmente cuando gente con la que no tengo tanta familiaridad, me trata con mayor atención de la que yo les doy.

Pareciera que todos tenemos límites de confianza que estrechamos o ensanchamos a nuestra conveniencia. Y está bien. Nunca he entendido la necesidad de hacer amistades entrañables en el trabajo, simplemente porque uno mira a la misma gente todos los días. No estoy hablando de la cordialidad y educación que son indispensables. Me refiero a tener que agregar al ámbito personal a gente con la que no tenemos necesariamente nada en común.

Saber poner límites, adecuar actitudes, delimitar relaciones, nos da más seguridad y nos pemite crear interacciones más sanas. No hay misil más certero para sabotear de una buena relación, como la pérdida del respeto por adelantarse a la confianza.

Y no es que las cosas no sean fluídas y no puedan cambiar. Yo puedo comenzar saludando con la cabeza a alguien a quien tiempo después puedo considerar de la familia. Pero no antes de su tiempo.