Todas las historias pueden tener finales felices, depende de dónde las deje uno. Por algo los cuentos de hadas se quedan en la boda. Porque un par de años después, seguro hay conflicto. No se puede vivir con otra persona sin atravesar crisis, no importa qué tanto se ame uno. De hecho, el amor sólo sirve para el primer empujón, todo el resto de la cuesta hay que hacerla a pie.
Los mejores relatos terminan en un punto medio, sin una resolución definitiva, con la puerta abierta para algo más. Y, aunque nuestras vidas tienen principios y finales muy definitivos, se puede contar nuestra historia de forma que siempre tengamos un final feliz. En casi cualquier cosa, uno puede pensar que va a pasar el tiempo suficiente como para que mejoremos.
Cuando me ahogo en algo, hasta en el tráfico, pienso que, eventualmente la cosa va a cambiar y me hago seguir adelante. Hasta el dolor más grande se quita. Y ya, la felicidad se persigue y alcanza momento a momento. Sólo hay que seguir.
