El trámite es el pesado

Morir debería ser orgánico. O sea, lo es, pero alrededor hay un aparato de trámites que simulan los rituales antiguos y termina siendo casi imposible morirse sin permiso. Tal vez es la versión moderna de honrar a los antepasados.

A los que hemos pasado por los procesos de redactar esquelas, organizar velaciones y escoger cajas, nos acompaña una fatalidad práctica: por allí pasarán nuestros seres queridos. Yo quisiera ahorrárselos todo, pero que me voy a morir es inevitable y parece ser que la desinfección moderna de la muerte no ayuda al duelo. Hay que aprender a convivir con los muertos, con sus cosas, con sus recuerdos. En muchas culturas, ellos no dejan de ser parte de la familia sólo porque no están.

Cuando la muerte nos deja de sorprender, empezamos a encontrar una satisfacción más profunda de todo lo que vivimos. Se le quita el poder sobre nosotros y se regresa a su justa dimensión. Ojalá también pudiéramos quitar los trámites.

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