Comencé a ver básquet con mi mamá. Ella bordaba vestidos y yo hacía cruceta mientras los jugadores parecían bailar ballet. Era espectacular. Y lo mejor era esa compañía con ella. Tanto es así, que tengo más de 20 años de no ver básquet porque ella no está. Pero…
Los padres que criamos hijos con amor para que puedan ser independientes y se puedan ir felices de la casa, sabemos lo preciosos que son los momentos en que ellos quieren nuestra compañía. Es el fruto de habitar consistentemente el papel que nos corresponde, sin creernos sus hijos y sin evitar los momentos complicados. Pero esa estabilidad hace que sepan que pueden contar con nosotros.
Hoy voy a ver básquet con el Canche. Tal vez saco la cruceta.
