Tuve que mover un carro de la casa que tiene el freno de mano distinto del mío y, por un momento, olvidé cómo hacerlo. Obvio entré en pánico, hasta que recordé y lo moví. En fin. Si las cosas terminan bien, están bien. Aunque tal vez no.
Las personas que se centran demasiado en los procesos no son felices ni que todo salga como quieren. Las que sólo se fijan en el desenlace, no les importa qué hayan hecho pedazos en el camino. Y, como siempre, lo que queda en medio es lo que ayuda a ser mejor. Porque importa tanto el cómo, como el por qué.
Así que, la próxima vez que se me olvide algo, debería recordar que todo tiene modo. Y cuando llegue al final, mejor si me gusta el camino que tomé. Todo cuenta.
