Necesito a mi mamá

Estoy gorda. O, mejor dicho, no estoy flaca. Me he pasado mucho tiempo haciendo músculo y ahora me lamento porque quisiera verme flaca y no lo estoy. No es malo pero no es mi preferencia. Y necesito a mi mamá, quien me tenía el peso en los ojos y me decía en dónde me veía bien. Yo no tengo ojo para eso.

Crecemos con tantas expectativas de nuestra propia apariencia, externas e internas, que es difícil hacer una buena autoevaluación. Alguna vez un amigo me dijo que me tomara una foto con la cara tapada y que eso me iba a ayudar a tener una mejor perspectiva. Es ridículo, creo, que uno no se pueda ver como es. Se quiere ver distinto. Siempre, al menos en mi caso.

Seguiré haciendo un montón de pesas y acumulando músculo y quejándome que no me queda la ropa igual. Porque, sinceramente, me interesa más ser una vieja capaz de levantarme del suelo que ser flaca. Distinto por completo que mi mamá, que precisamente me hace falta porque no está desde hace 18 años conmigo. Mejor hubiera estado menos flaca, pero sana.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.