Estoy revisando el botiquín que tengo que llevar en vacaciones. Y se me vuelve casi interminable porque siempre puedo pensar en algo más que puede salir mal. Pero… no voy a la jungla y debo tener en cuenta que sí hay civilización cerca.
Los planes de emergencia son todas esas cosas que uno tiene que imaginarse, deseando que jamás sucedan. Y allí vuela la creatividad. Y la ignorancia. Porque, no importa qué tanto uno pueda prever, nunca va a saber lo que no sabe. Las cosas imprevistas lo son, precisamente porque no las mira uno venir. Lo mejor que se puede hacer es tener lo mínimo y persignarse para lo demás.
Voy a llevar de todo para el estómago y los dolores. Y tal vez los mocos. Y los piquetes. Y la ubicación de la farmacia más cercana.
