Hace unos meses agarré la costumbre de hacer lavandería los domingos. Hasta hoy. No quiero hacer oficio también los domingos. Y no porque crea en algo espiritual, sino porque, también hago oficio los domingos y no me había dado cuenta que ya no tenía ganas. Estoy estresada, lo confieso. Pero no va a pasar nada si la ropa no está lista hoy.
La vida es todo eso que pasa cuando uno está haciendo tareas. No. En realidad, la vida es eso, hasta las tareas. Y, al final de la misma, dudo que alguien se recuerde que yo tenía la ropa limpia los domingos. Pero yo sí voy a recordar poder despertarme tarde. Cosas tan tontas que parecen importantes en el momento y que necesita uno de un poco de perspectiva.
Escribir, platicar, tomar un trago, dormir, ver tele. Para eso sirven los domingos. La ropa puede esperar, porque igual siempre hay más. Es la demostración más irónica de la eternidad.
