Un pequeño dolor

Probablemente tenía 5 años la primera vez que escuché “la belleza cuesta”. Nunca se me olvidó. Porque es cierto. Arreglarse cuesta. Sobre todo tiempo.

No es nada moderno tampoco. Las modificaciones corporales existen desde que tenemos ojos y estoy segura que siempre fueron para gustarle a alguien. Y está bien. Si la meta última de la especie es reproducirse, cualquier ventaja competitiva es válida. Hasta que no lo es. No entiendo por qué matarme para verme bien, si no me gusta a mí.

Gasto muy poco tiempo en arreglarme. Pero sí en hacer ejercicio, cocinar, asolearme, meditar. Cuesta estar bien, pero cuesta aún más arreglar lo que se arruina. Prefiero irme por el declive pausado.

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