Mis días comienzan muy temprano. Terminan temprano, pero con las noches interrumpidas. Es lo que hay, pero sí se vuelve muy cansado.
Uno de humano está hecho para tener tiempo de esparcimiento, de socialización, de estar con los de uno después de trabajar. Dormir cuando se pone el sol, despertarse con el sonido de los pájaros. Esto de la luz artificial y el constante bombardeo de información y sonidos y estímulos sólo nos vuelve más propensos a estar irritables e irascibles. Estoy segura que la humanidad perdió mucho desde que somos modernos y nuestras preferencias biológicas no se han adaptado a esta forma de movernos tan desconectada y errática.
Anoche dormí doce horas. No sin interrupción, pero sí sin pena. Ahora lo estoy pagando con acostarme más tarde de lo usual porque tengo que lavar ropa y mi semana se pinta igual de pesada que la anterior. Pero este pequeño espacio de respiro y de olvido (se me desdibujan mis obligaciones domésticas), es una forma de auto cuidado. Creo que todos deberíamos de tener esta oportunidad y agradezco poderlo hacer.
