Con mi mamá nos reíamos en medio de nuestras peores tragedias. Era una de nuestras mejores características. Nada como no tomarse uno en serio para sentir que la vida es mejor.
El sarcasmo puede ser abrumador para algunas personas. La ironía pasa muchas veces desapercibida. Pero es indispensable en mi casa. Pobres hijos míos que han aprendido a traducir comentarios mordaces. Ahora los hacen ellos y nos divertimos mucho. Hasta que viene alguien nuevo a casa y no entiende.
El humor sardónico es una buena herencia. No conocieron a mi mamá, pero seguro se reirían de las mismas cosas juntos. Yo soy como un puente entre las generaciones. Y, aunque me da tristeza, le encuentro igual el lado gracioso.
