A mis hijos les enseñé a limpiarse la nariz con un lavado nasal que no es absolutamente nada agradable. Pero casi ningún remedio lo es. Las medicinas, en general, son amargas. Los tratamientos tienen efectos secundarios negativos. Nos duelen los huesos cuando se regeneran.
Las cosas que arreglan algo que está mal requieren esfuerzo. Mantenerlo bien también, pero menos. Lo malo es que dejamos que las cosas se deterioren hasta que ya no funcionan y eso cuesta mucho más.
Yo prefiero meterle ganas al mantenimiento de las cosas que funcionen bien. No me gusta tomar remedios. Pero, si hay que pasarse agua con sal por la nariz, también se hace.
