Con todo

La vida te da el ímpetu de hacerlo todo con pasión y luego creces y lo pierdes. La intensidad se atempera. Uno aprende estoicismo. Y luego buscas ese fuego y no quedan ni las brasas.

Prometeo fue castigado por enseñarnos a hacer fuego. El factor esencial que nos saca de lo inmediato y nos permite ver por lo menos un día más allá. Que nos ilumina alargando el día y nos da calor cuando podríamos morir. Pero no es ese fuego, creo yo, el que ofendió a los otros dioses. Es el de la fuerza vital con la que nacemos.

No podemos dejar que la edad o las circunstancias o el cansancio o lo que sea nos ahoguen las llamas de nuestra capacidad para darlo todo. Igual, vamos a enterrarlo eventualmente, mejor usarlo.

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