Cuando se rompe la presa

Uno no cuenta todo lo que le pasa. Ni lo que piensa. Primero, porque no hay nadie que lo escuche a uno las veinticuatro horas. Segundo, porque es aburrido. Tercero… porque lo verdaderamente importante no se comparte. Pero, a veces, el dique detrás del que uno tiene sus intimidades, se agrieta. O se rompe. Y allí hay que salir corriendo porque todo se inunda.

Somos seres sociales que necesitamos compartirnos y ser vistos, entendidos, apreciados. Y somos seres que necesitamos privacidad (al menos en nuestro mundo moderno). Es complicado empatar estas dos cosas y encontrar el balance que nos mantenga conectados pero seguros.

Yo me guardo mucho. Y eso forma una presión gigantesca que hace que, cuando al fin abro la boca, sale todo en un torrente. Obvio me arrepiento de hacerlo, porque es mejor seguir contenida. Tal vez si no llego a hacer tanta presión, no necesite destruirlo todo para sentirme liberada.

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