Los niños están enfermos y los mandé al colegio. Porque todos los niños del colegio igual están enfermos. Tengo un límite de sentido común de cuándo no mandarlos, obvio. Pero mocos no son suficientes. Creo que me entró la angustia del segundo semestre y la necesidad que ganen sus clases.
Las peores decisiones de tomar son entre dos malas o dos buenas opciones. En el primer caso, uno escoge entre lo que cree que causa menos daño y siempre se queda pensando si no la cagó. En el segundo, uno siempre añora lo que dejó de escoger. Es frustrante por donde uno lo mire.
Mandar o no a los niños al colegio cae dentro de las decisiones administrativas que tomo, tratando de no hacerle caso a mi instinto de mamá osa y quedarme con ellos en la cama todo el día. No puedo. No es bueno. Pero… si mañana tienen fiebre…
