En ese momento

Cuando abro una bolsa de TorTrix es porque ya soy otra. La que no la abre se queda viendo, decepcionada, hasta que no queda nada. Y luego ambas concuerdan que no era necesario y que la próxima vez no la abrimos y punto. Hasta la próxima vez. No, no tengo un trastorno mental. Es la manera más simple de entender por qué no siempre hago lo que tengo qué hacer.

Todos jugamos papeles distintos, no sólo en nuestras vidas, hasta cada día. No somos los mismos con cada persona con la que interactuamos, cambiamos de vocabulario, tópicos, hasta tono de voz. Si no lo creen, fíjense cómo le hablan a su mascota y al chico del autoservicio. Es la parte fluida de nuestra naturaleza. Nuestro ego cree que es fijo, mientras él mismo muda con la situación. Esto es bueno, es una forma de adaptarnos, casi un atajo de comportamiento. El problema es cuando establecemos prioridades generalmente buenas para nosotros, que luego no cumplimos porque nuestro yo en ese momento no las consideró suficientes. Pasa con las adicciones, las relaciones tóxicas, los exabruptos, los TorTrix.

He logrado integrar muchas de mis motivaciones, aunque me doy cuenta de todas las que faltan. Una solución para este problema en particular sería dejar de comprar TorTrix. Pero estoy segura que la próxima vez no abro la bolsa. O al menos no me la acabo.

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