Me encanta que este 2024 sea tan ordenado. Algo le da de paz a mi mente ante otro año de cosas imprevisibles. Porque así es cada segundo que tenemos enfrente: una incógnita. A veces me gustaría saber qué viene, pero luego recuerdo todas las historias de profecías y se me pasa.
Desde que el ser humano puede articular sus deseos ha querido conocer el futuro. No existiría la religión sin esta necesidad. Y siempre hay una lucha fundamental entre el destino y su recipiente. Peleamos hasta contra morir, aunque es lo único seguro que tenemos.
No quiero saber mi futuro. Quiero hacerlo. Y me parece bien comenzar un lunes.
