Comerse una pitaya es comerse un escándalo. No hay forma de ocultarlo. Qué dicha la nuestra de tener cosas bonitas para comer. Podría ser utilitario. Pero la vida nos empata entre algo lindo y que nos guste. Hasta hay para variar.
La evolución lleva a la propagación de cualquier especie. Entre eso está el hacer atractivo/placentero lo que nos permite subsistir y reproducirnos. Por algo nos gusta comer, hay una satisfacción emocional también al saciar el hambre. No siempre logramos esto de forma inmediata, pero hemos aprendido a diferir el placer, a trabajar en lo que no nos gusta y a esperar, porque creemos que más tarde obtendremos algo mejor.
Tal vez hay que combinarlo. Apreciar lo que tiene uno en la mano y disfrutar lo ganado a costa de esfuerzo. No creo que todo tiene que ser sacrificio y tampoco que uno debe olvidar que hay un futuro. Sí creo en agradecer todo lo bonito que me rodea. Y en tratar de no mancharlo todo con la pitaya.
