Resulta que ya puedo tener conversaciones con argumentos con los niños. Pueden formular sus ideas, entender las mías, estar o no de acuerdo. En pocas palabras: ya son interesantes, no sólo entretenidos.
Aunque como mamá nunca los voy a poder tratar como pares, el hecho de respetarnos y reconocer su capacidad de pensar, me ayuda a ser mejor mamá. Mejor persona, seguro.
Cuando uno creció en un hogar autoritario, el llegar a entender que los hijos pueden no conformarse con un “porque yo digo” y se vale que pidan entender, cuesta. Me cuesta todos los días y a veces gana el dictador y otras el diplomático. También es cierto que cada uno tiene su momento y mi trabajo es saber a cuál dejar ejercer. Espero aprender.
