Creo que es momento de volver a evaluar mis hábitos. Es una lata, porque si algo me gusta es poder establecer un método y montarme sobre él. Pero no hay caballo que aguante todo el camino ni rutina que no sea necesario modificar.
La vida fluctua entre una búsqueda de estabilidad y una necesidad de adaptación. Porque lo constante es el cambio. Es como estar parado en el medio de un sube-y-baja, manteniendo el equilibrio: las piernas están en constante movimiento, la cabeza se mantiene quieta.
Aunque me cae mal, es una oportunidad para mejorar procesos y acercarlos a lo que necesito ahora, pues yo misma estoy cambiando. Y, si no funciona el ajuste, puedo regresar a lo que hice antes.
