La vocecita que me habla en el cerebro fluctua entre el entusiasmo más desordenado y el escepticismo más frío. Lo creo todo, quiero creerlo todo, quisiera creer en algo, nada es verdad. Tal vez hay una carretera entre mi cabeza y mi corazón que se abre y cierra y a veces el bloqueo simplemente me paraliza.
Los seres humanos, pudiendo imaginar el futuro, tenemos la necesidad de tener fe. Que mañana sale el sol. Que vamos a sobrevivir. Que nos van a querer. Y caminamos con el mayor pesimista entre las orejas, porque sabemos que si no estamos preparados para lo peor, nos come el tigre.
No peleo, la verdad. Tener fe es lindo. No tenerla es reconfortante. Caminar en medio es entretenido.
