Resulta que uno no distingue entre lo grande y lo pequeño cuando se trata de gastar energía y tomar una decisión. Puede ser tan agotador elegir la ropa de ese día como escoger pareja. Y es que el proceso es el mismo. Igual que levantarse para hacer ejercicio o para ir a comer un helado.
Los cerebros de los humanos son increíblemente complejos. Pero su función más sorprendente es que tratan de ser lo más eficientes posibles. Incluso sólo recuerdan lo que necesitan recordar. Por eso es que no tenemos memorias de nuestra primera infancia, porque estábamos más ocupados en aprender cómo aprender que en crear memorias vívidas. Menos mal. No quisiera tener recuerdos de necesitar cambio de pañal.
Cuando hacemos una rutina y la implementamos sin chistar, nos quitamos el peso de la toma de decisiones diaria y le damos un respiro a nuestro cerebro. Por eso los hábitos determinan más nuestras vidas que los grandes gestos y lo cotidiano hace más las relaciones que las fechas especiales. Tomar decisiones todo el tiempo es imposible. Hacerlo una vez y no cuestionarlo, es más fácil.
