Lo mejor que deseo

Me estoy haciendo vieja. Es una realidad inescapable, universal, inexorable e implacable. Y sigo detestándola. Claro que es por razones estéticas, pero no sólo. Es por todo lo que implica no tener juventud en el cuerpo, los cambios hormonales que se me avecinan, las limitaciones que pueden surgir. De verdad que la juventud está desperdiciada en los jóvenes porque uno nunca sabe lo bien que la tiene hasta que se va.

Lo cual me indica que hoy es lo más joven que voy a ser en el futuro. La barra ya está baja y descendiendo. Pero no deja de ser cierto. Los cuerpos tienen un avance de desgaste al que todos los humanos nos enfrentamos. Podemos hacer lo que esté a nuestro alcance para cuidarlo, pero que uno se va decrepitando no se puede evitar. Es lo que hay.

Yo vi el deterioro nefasto y veloz de mi mamá. Aunque no todo pudo haberse evitado, su pésima forma física y peor alimentación no ayudaron para nada. Por eso me levanto a la hora que lo hago y no miro tele en la noche para dormir cuando lo hago. Es una cuestión de aversión más que de deseo. No quiero bajo ninguna circunstancia que me saquen a asolear en canasto como lo hacían con mi tía bisabuela. Simplemente no. Y qué bueno haber encontrado mi motivación. Ahora tengo que encontrar la de mejorar el carácter.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.