Se escucha tanto la frase “soltar para ser feliz” que se le olvida a uno que es mejor no aferrarse desde un principio. Es igual que los hábitos e ideas que se sientan en el teatro de nuestras mentes: es más fácil sentar uno bueno en un asiento vacío, que sacar al malo y luego pretender sentar a otro. Los desalojos no siempre son exitosos y requieren por lo menos el doble de esfuerzo.
El problema con agarrar algo con mucha fuerza es que uno corre el riesgo de estrangularlo. Y algunas cosas importantes son igual de frágiles que pollitos de feria. Exactamente igual que esos animalitos, es más probable que crezcan bien si uno sólo los cuida con espacio para que prosperen en libertad.
También es más fácil ser uno mismo feliz acarreando menos cosas en la vida, dejando que lo bueno y lo malo sean transitorios, así no lamentamos que se acabe lo primero ni sufrimos porque termine lo segundo. Además, teniendo en cuenta que la vida siempre cambia, siempre, tratar de sujetar cualquier cosa tiene asegurado el fracaso. Así que, en vez de cantar “déjalo ir”, mejor respirar y no agarrar.
