Las vacaciones se llevan dentro

Nada nuevo en estos tiempos modernos: si uno quiere seguir conectado, sigue conectado, no importa qué tan linda esté la mar, Margarita. Pero no es culpa de la tecnología, es culpa nuestra. Hay una errada pretensión del ser humano que cree que el mundo no funciona sin su presencia. Como si la muerte no nos diera a todos vacaciones permanentes.

Siguiendo (de nuevo) el mejor consejo de mi ex jefe, recuerdo siempre que nadie es indispensable, por mucho que seamos irremplazables. Distinción importante. Porque si bien es cierto que “nadie te va a amar como yo”, también es cierto que no seré ni la primera ni la última que lo haga, si se dan las circunstancias. Irse, dejar las cosas un rato, regresar a encontrarlas cambiadas y seguir, es lo que debemos hacer siempre.

Las vacaciones las llevamos adentro, pero tienen más qué ver con admitir que el universo general sigue girando sin nosotros. Y, aunque eso nos da una idea de nuestra insignificancia en el gran plan de las cosas, también nos da libertad. Para ser nosotros, para amar sin presión, para alejarnos para darnos espacio y para dejar un poco en paz a los demás.

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