Hay un fenómeno marcado y es que no somos la misma persona todo el tiempo. Ni siquiera usamos el mismo tono de voz con todos. Si no, díganme si le hablan al vecino como a su mascota. Y no es falta de personalidad propia o ser poco confiable. Es simplemente que el “yo” no es estático y se adapta a sus circunstancias.
He leído que tenemos hasta distintas personalidades y que, en el mejor de los casos, las integramos en una unidad. El problema viene cuando hay un conflicto de intereses entre las partes que nos habitan y no tenemos forma de reconciliarnos. No puede uno estar peleado con uno mismo, simplemente no hay nada qué ganar.
Me da esperanza saber que no soy siempre la misma porque indica que puedo cambiar, tratar de ser mejor. Y que tengo varias opciones para decir qué quiero ser.
