No sé si sea cierto que se sigue teniendo una conexión con nuestros muertos. Al menos no espiritual. Pero sí estoy segura que yo a los míos les presto mis ojos para que miren mi vida a través de mis recuerdos, los nuevos que hago sin ellos.
Morirse es parte de la vida. Ninguno nos escapamos. Y es mejor tenerla de buenas, que sepa que le damos la bienvenida cuando toque la puerta. Ver morir a los nuestros también. Es una bella forma de inmortalizar a quienes queremos, hacerlos parte de nuestra casa hablando de ellos, cocinando sus recetas, dejando que todavía crezcan con nosotros.
Tal vez no haga un altar, sobre todo porque no tengo costumbre. Pero seguro que los llevo conmigo siempre.
