Eso de que sólo la gente ocupada puede hacer las cosas, es cierto, al menos en mi caso. Mientras más cosas tengo qué hacer, más hago. Tal vez es porque mi mente está ocupada en organizarse y terminarlo todo y no en otra cosa menos productiva.
También es cierto que uno tiene que aprender que no puede hacerlo todo, todo el tiempo. O se queda como el vaso derramado por una última gota.
Espero saber en dónde está ese punto de inflexión y parar antes que la vida me ponga una pared. Porque esos trancazos sí duelen.
