Tantas veces que uno escucha el “no preguntes por qué, pregunta para qué”. Jamás en circunstancias felices. Cuando uno está contento, no se detiene a preguntar qué hizo para merecerlo. Simplemente lo acepta como parte de lo apropiado. Ahhh, pero al menor dolor nos cuestionamos la justicia del universo. Nos iría mejor entendiendo que las cosas pasan porque pueden. Y ya.
Ahora, una cosa es que uno tenga la herramienta en la mano y otra muy distinta que uno la sepa usar. Hasta un martillo requiere técnica. Cualquier experiencia puede tener una finalidad, hasta el saber que uno no la quiere volver a sentir.
Seguro tiene siempre utilidad entender lo que uno tiene enfrente. Qué es. Mucho más útil saber qué hacer con ello. Para qué sirve. Aunque sea para tirarlo.
